Tal como la ven: no es más que una simple variación de la popular Woolly Bugger, pero que me ha dado capturas extraordinarias tanto en calidad como en cantidad. Sin duda que los materiales y colores usados han sido los factores determinantes de su éxito. Si bien la comencé usando en el Lago Rango y en las bocas de sus principales tributarios, con los años me fue demostrando su enorme eficacia en las bocas de los afluentes de otros lagos tales como el Puyehue, Rupanco y Llanquihue.
Para su atado prefiero utilizar anzuelos de calidad (como los TMC 777SP u otro similar) en # 6 y # 8, y lo hago sin lastrarlos, pues esto me permite darle un mejor nado al patrón y a la vez controlar su hundimiento. Les recomiendo andar siempre con un set de ellas atadas en distintos tamaños. De seguro, la usarán antes de lo que se imaginan.
Atando la “Ranco Blackie”:
En el siguiente video se muestra la receta y la simple secuencia de su atado:
En este otro video se puede ver el nado bajo el agua de este patrón:
Complementando la primera selección de fotos de pesca con mosca en Blanco y Negro, esta segunda selección continúa esta idea con nuevas imágenes, que nuevamente salen de fotos originalmente capturadas en color y traspasadas a blanco y negro en un editor de imágenes.
La elección de imágenes adecuadas para ser pasadas a blanco y negro se basa en la calidad del contraste. Al eliminar el color de las imágenes, el cual puede ser incluso parte de la composición, cada fotografía queda intensificada en los contrastes de luminosidad. Estas imágenes en particular fueron hechas durante los días del Workshop de Noviembre 2010, en el cual se visitaron destinos como el Río Baker en su curso superior, el Río Cochrane, muy cerca de su nacimiento en el Lago del mismo nombre, y finalmente en las orillas del magnífico Lago Bertrand.
Aún existen muchos fotógrafos que desarrollaron su afición (o quizás carrera) con película en blanco y negro. Incluso en la época actual, con la avalancha de fotos digitales a color, aún existe una mágica percepción de las fotografías en blanco y negro. Pero esta era moderna no excluye este formato de fotografías, sino que por el contrario, lo acoge en forma perfecta.
Hoy en día, gracias a la fotografía digital, crear una colección de fotografías en blanco y negro es tan fácil como procesarlas en un par de minutos, siempre y cuando las imágenes tengan las características de contraste de tonalidad (y no de color), adecuadas. Diversos fotógrafos de la escuela en blanco y negro, reiteradamente insisten en que “es necesario aprender a mirar en blanco y negro”. No se trata de imaginar la fotografía resultante en blanco y negro, sino que a aprender a reconocer el tono de los objetos que observamos. El tono se refiere a la cantidad de luz que reflejan los objetos y no al color. Por ejemplo, en uno de los libros del gran fotógrafo Freeman Patterson, se describe con claridad de que la Tonalidad es uno de los bloques fundacionales de la composición, sin importar si es en blanco y negro o color.
Siguiendo esta idea, este ensayo fotográfico de imágenes de la edición de Noviembre 2010 del Workshop de Pesca con Mosca y Fotografía, realizado en Río Baker, se armó con fotografías capturadas en color y procesadas en blanco y negro en el computador. En todas ellas, el énfasis técnico fue lograr composiciones interesantes, diferentes y llamativas, que finalmente resultaron en buenos resultados al ser pasadas a blanco y negro.
La pesca en Lago Bertrand, en la austral Patagonia de Aysén, es una de las más llamativas y desafiantes. El lago, de un tamaño más bien grande, requiere ser recorrido en embarcaciones con motor, pero a la vez que permitan la maniobrabilidad suficiente para poder recorrer las orillas con detención.
En la recién pasada edición del Workshop de Pesca con Mosca y Fotografía, tuvimos la oportunidad de pescar el hermoso Lago Bertrand en un soleado día, que incluso nos dio horas de bastante calor, pero combativas truchas que se lanzaron ávidamente a nuestra grandes moscas secas, también llamadas popularmente “chalas”.
Paso 1
Súbase a un bote y vaya hacia los sectores con orillas abruptas, pequeñas playas y especialmente rocas en la orilla. La orilla Oriente y la Poniente son generalmente igual de productivas aunque esto puede cambiar según el día y la hora, ya que a una de ellas le puede pegar el viento más directo que la otra. Los días medianamente nublados y con una brisa presente son los más productivos.
Avanzando por Lago Bertrand hacia la zona de pesca
Paso 2
Que el guía en los remos controle el bote paralelo a la orilla a una distancia de entre 5 y 10 metros, de modo que un pescador en cada punta lance sus moscas hacia la orilla. Lance contínuamente. Sea paciente y aproveche de ir perfeccionando sus técnicas de lanzamiento y el ojo para detectar cualquier sombra que se mueva cerca de la orilla.
Pescando desde bote en Lago Bertrand, lanzando moscas secas hacia las orillas
Presentando una gran mosca seca a la orilla del Lago Bertrand. En este caso es fundamental lograr poner la mosca a apenas 10 ó 15 cm de la orilla. La delicadeza de la presentación es irrelevante, e incluso se privilegia que la mosca salpique un poco al caer, de forma de llamar la atención de las truchas que estén al acecho.
Paso 3
Preocúpese de calibrar bien su lanzamiento logrando que la mosca caiga a no más de 10 cm de la orilla, siendo incluso válido darle un pequeño rebote en la roca o pared de la orilla en algunos casos. Esto logrará – tarde o temprano – despertar el instinto cazador oportunista de las truchas y más de alguna se abalanzará, a veces con mucha lentitud, a tomar esta mosca seca. Cuando tenga la tomada y logre clavar la trucha en el momento adecuado, prepárese para una pelea en la que deberá controlar la posibilidad de que la trucha se vaya hacia las rocas o juncos de la orilla. Mantenga la tensión constante en la línea.
Peleando una trucha desde un Cataraft en Lago Bertrand
Paso 4
Una vez que la trucha esté correctamente enganchada, preocúpese de hacer una pelea lo más corta posible y manipular la trucha con manos mojadas, e idealmente un chinguillo o copo grande para facilitar la maniobra desde el bote.
Luego, disfrute de ver cada trucha, con su diversidad de diseños, todas con una de estas enormes moscas secas en sus fauces.
Trucha Arcoiris capturada gracias a una variación de Fat Albert
Trucha Marrón o Fario del Lago Bertrand con una gran Fat Albert en sus fauces
Trucha arcoiris y una mosca en Lago Bertrand
Trucha marrón capturada en orillas del Lago Bertrand. En ocasiones conviene bajarse del bote para realizar la maniobra final con mayor facilidad desde el agua.
Pequeña trucha arcoiris del Lago Bertrand que se lanzó agresivamente a una gran mosca seca presentada en la orilla, cerca de rocas.
Paso 5 y final
Siempre, siempre, siempre devolver la trucha con un mínimo impacto. Levantarla por no más de 15 segundos fuera del agua para la foto y luego sostenerla hasta que la trucha, por su propia fuerza, quiera irse, momento en el cual se afloja la mano para darle el espacio.
Como leí una vez por ahí, pescar en un río o lago sin anteojos polarizados es como buscar una moneda en la arena sin un detector de metales.
Hoy en día los anteojos polarizados (con filtro UV) han pasado a formar parte esencial de nuestro equipo de pesca; veamos por qué.
Los anteojos polarizados eliminan o disminuyen notablemente el brillo de la luz del sol reflejada sobre el agua, lo que nos permite:
- “Ver bajo el agua” con más claridad y nitidez, lo que supone ubicar rápida y fácilmente los peces.
- Vadear un río o lago con mayor seguridad, ya que, al “ver bajo el agua”, podemos detectar fácilmente sus diferentes obstáculos: piedras, partes hondas, palos, trocos, etc.
Además, con ellos:
- Protegemos nuestros ojos ante los “malos casts” (golpes de anzuelos), ramas, mosquitos, etc.
- Protegemos nuestros ojos de los dañinos rayos ultravioleta (UV) y ante la intensidad lumínica, que pueden ocasionarnos cansancio e irritación ocular, y en casos más graves, daños irreparables a nuestra visión.
En las tiendas especializadas encontraremos principalmente 2 tipos de anteojos polarizados, dependiendo del material del que estén fabricados sus lentes: de cristal y de policarbonato. Si bien el cristal es algo más pesado, resiste mucho mejor los golpes y ralladuras, además de entregar una visión más nítida. Por eso son más costosos que los de policarbonato.
En cuanto al color de sus lentes, los más utilizados son los de color gris, café, cobre, ámbar y amarillo, todo ello de acuerdo a las condiciones de luz en que nos encontremos. Los colores más oscuros son recomendados para los días más luminosos, en cambio los colores más claros son los indicados para los días más nublados o de escaza luz. Los hay también con lentes fotocromáticos que tienen la ventaja de oscurecerse dependiendo de la radiación ultravioleta presente. También es posible encontrarlos con lentes bifocales o graduados (ópticos). En todo caso, debemos tener presente que el efecto polarizador actúa mejor con días soleados y dependiendo del ángulo del sol en relación al pescador y al agua.
Asimismo, encontraremos numerosas marcas, modelos y estilos de anteojos polarizados; marcas que incluso se han especializado en la pesca, que es lo que más nos interesa. Lo importante, en todo caso, es elegir un buen par de anteojos que sean cómodos y agradables a la vista y que no distorsionen la visión. Aquí el gusto personal y el bolsillo serán los factores determinantes al momento de su elección.
Datos prácticos para el cuidado de sus anteojos:
- Guárdelos en un estuche rígido (duro); así evitará roturas y ralladuras, alargando su vida útil.
- Límpielos con un paño de microfibras especial que existe para estos efectos, no sin antes haberlos humedecidos con un spray limpialentes (que venden en las ópticas). Nunca los limpie en seco ni utilizando la camisa o el pañuelo.
- Utilice un cordón especial para mantenerlos colgados y asegurados al cuello, cordón que se conoce como “Eyewear Retainer”.
Sea cual sea el modelo de anteojos elegido, no deje de usarlos durante toda su jornada de pesca. Es más, este tipo de anteojos, dadas sus especiales características, es altamente recomendado para manejar automóviles y para utilizarlos en actividades al aire libre y deportes outdoors tales como el velerismo, ciclismo, trekking, sky o golf.
Mi contacto con las Steelhead comenzó de una forma curiosa. A comienzos de los ‘80 me encontré con un artículo en una revista de pesca editada y producida en Chile, que titulaba orgullosamente “Vuelve la Stealhead (sic) a Chile”. La traducción directa me sugirió un nombre curioso – por decirlo así – para un pez. Leyendo el artículo me enteré de este pez, cuyo atractivo principal era ofrecer unas peleas titánicas con los mosqueros suficientemente hábiles (o afortunados) como para engancharlas.
Pasaron los años y mi afición por la pesca con mosca se intensificó durante mi época universitaria. Continué leyendo acerca de la Steelhead en revistas de EEUU y comencé a generar aún más interés, aumentado con algunos videos de la serie Mastery de Scientific Anglers, donde pescadores como Lani Waller y el reconocido Jim Teeny, daban rienda suelta a sus técnicas para capturas peces simplemente formidables.
En esta época escuché algunos reportes de steelhead en el sur de Chile, particularmente en la zona del Río Puelo. Siendo la primera mitad de los ’90, tanto la cantidad de mosqueros como los espacios para compartir datos, eran extremadamente limitados y mi fuente de investigación se concentraba en el hall principal de la desaparecida tienda de pesca con mosca Andean Trout Angler, en Alonso de Córdova.
Aprovechando mi formación científico-ingenieril y mi particular interés por investigar todo tipo de temas, decidí averiguar algo más, por lo que partí llamando al Servicio Nacional de Pesca.
- “Buenas tardes. Estoy interesado en conocer algo más del registro de Steelhead que puedan tener en Chile”.
- “¿Stil-qué? Un momento, le voy a pasar con el área que entiende de biología”.
… un par de traspasos de llamada adicionales y llegué con alguien quien logró entender de qué hablaba, pero que confesó “… lamentablemente no tenemos datos de sus poblaciones o de los lugares en que se encuentran”.
Entiendo que esta cantidad de información ha cambiado en la versión moderna llamada Sernapesca, pero confieso que no he vuelto a hacer la llamada, ya que las redes virtuales de comunicación han permitido que el mundo de los mosqueros haga un reporte más completo y práctico para el interés comunitario.
Durante el resto de la década tuve la oportunidad de pescar varias veces el mismo Río Puelo y otros pequeños ríos que desembocan en el mar, en especial en la zona de fiordos encontrándome con más de alguna Steelhead en esas oportunidades. Pero la identificación correcta quedaba pendiente.
Pero mi principal encuentro con una Steelhead fue precisamente en sus tierras de origen: la Costa del Pacífico-Noroeste de EEUU. Partí precisamente buscando steelheads en los tributarios del Sandy River, muy cerca del pueblo de Welches, en Oregon, como el particular Salmon River, apenas 5 minutos en auto desde Welches. Llegué a orillas del Salmon y comencé a recorrer el río, que en ese momento se encontraba en pleno desove de Chinooks, lo cual de por si, fue un espectáculo. De pronto, una sombra distinta se posicionó en un pedazo de corriente apenas a unos 5 metros de donde yo estaba. Lancé la mosca, casi sin línea, y la Steelhead la tomó de inmediato, iniciando una carrera explosiva digna de las más fantásticas leyendas de la zona. Luego de apenas 1 minuto de pelea, la mosca salió de su hocico y por la tensión línea-caña que tenía, terminó a 5 metros de altura en uno de los árboles de la orilla del río. Fue un minuto de adrenalina pura que me demostró con claridad la potencia de estos peces cuando están retornados en el río.
Una de las reconocidas Steelheads del Puelo, aunque varias son directamente escapadas de las pisciculturas del Estuario de Reloncaví, apenas unos pocos kilómetros río abajo de donde tomé esta foto, o descendientes de éstas. (Foto: Rodrigo Sandoval U.)
¿Qué es una Steelhead?
Científicamente hablando, la Steelhead es nada menos que una Oncorhynchus mykiss. ¿Les suena el nombre científico? Es el mismo nombre científico de la ultra-conocida Trucha Arcoiris. ¿Error o casualidad? Ninguna de las dos. Es la misma especie. Lo repito, por las dudas: ¡es la misma especie!
Se trata de un linaje dentro de las truchas arcoíris, que en lugar de hacer su vida completamente en aguas interiores, la Steelhead migra al mar al igual que las diferentes especies de salmones, alimentándose y creciendo con tasas totalmente distintas al resto, volviendo a desovar a su río de origen. En forma similar al Salmón del Atlántico, con el cual se determinó que no está directamente emparentada – a diferencia de los del Pacífico, que son de la misma familia de la Arcoiris – la Steelhead es capaz de volver a desovar varias veces.
¿Cuál es la gracia? Imagínate que el primer desove ocurre entre los dos y cuatro años de edad, creciendo con alimento marino. El segundo vuelve a ocurrir otro par de años después. Saca la cuenta de qué tan grande puede ser una Steelhead retornando a desovar por una 3ª vez (y seguramente final). Imagínate también esa gran Steelhead con toda la energía acumulada de su alimentación marina, dispuesta a desovar y atacar cualquier intruso (o mosca atractora) que se le cruce por delante.
Una tremendamente robusta trucha atrapada en el Río Aldunate, en los fiordos de Aysén. Cayó atraída por un streamer con mucho flash, tal como se usa en la pesca de steelheads en Canadá. El pescador, originario de British Columbia en Canadá, justamente fue testigo de la equivalencia de pesca entre sus tierras y estos remotos fiordos australes. (Foto: Rodrigo Sandoval U.)
Steelhead versus Arcoiris migratoria
Desde que comenzamos a frecuentar los fiordos, a fines de los ’90, aparecieron en el mapa truchas Arcoiris muy peleadoras y muchas veces bastante plateadas. La primera conclusión podría clasificarlas como Steelhead, pero no existiendo registros oficiales ni muestras de ADN, no existe manera de confirmarlo. ¿Por qué podrían ser steelheads? En esencia, porque son truchas que han pasado tiempo evidente en el mar. Más aún, varios de los ejemplares que se capturan en estas zonas evidencian aletas gastadas producto de su paso por pisciculturas. En otras palabras, son steelhead forzadas al mar. Pero a diferencia de las steelhead normales, estas entran al río y vuelven al mar intermitentemente, muchas veces dependiendo de los drásticos cambios de marea, haciendo que un estuario de agua salada en marea alta, se transforme en un declarado río de aguas dulces en marea baja, con diferencias de hasta dos o más metros entre mareas.
Por ello, varios pescadores hemos decidido conjuntamente hablar de Arcoiris migratorias en lugar de steelheads, ya que no existe un comportamiento de retorno al río de desove en esas truchas.
Pescando Steelheads
La pesca de steelheads normalmente se asocia a las mismas técnicas, equipo, y moscas que para los Salmones del Pacífico. En general, recomendable es contar con un equipo de caña+carrete #7 a #9, con líneas flotante y en especial, de punta de hundimiento. Líderes gruesos, al menos un 1x, e incluso más gruesos en ocasiones. Las mocas, típicos streamers salmoneros.
Otra corpulenta steelhead capturada en el Río Matte, en los fiordos de Aysén, que cayó tentada por un streamer muy vistoso. Su cuerpo extremadamente grueso, evidencia el aporte energético de la alimentación marina. (Foto: Rodrigo Sandoval U.)
En mi caso particular, he logrado éxito con diferentes streamers, destacando uno que diseñé en una de las múltiples visitas a los fiordos: la Sando Sardine, que me permitió capturar nada menos que 4 truchas en un estuario, en los 5 primeros lanzamientos con el patrón recién diseñado.
La forma de presentar la mosca puede ser simplemente el clásico Downstream Swing, que consiste en lanzar la mosca perpendicular a la corriente, dejarla que derive y se vaya hundiendo y cuando la línea se estire, mantener la tensión para que la mosca haga un lento recorrido transversal a media profundidad. El siguiente video muestra una serie de escenas de clásica pesca de Steelheads en la costa Noroeste de los EEUU, justamente de donde son originarias.
Una técnica más llamativa y espectacular es la de hacer patinar la mosca en la superficie. Esto se logra gracias a moscas secas grandes y atractoras, de alta flotabilidad, que son paseadas por la superficie. El siguiente video muestra esta técnica y la reacción de las steelheads.
La Peladilla, uno de las especies nativas de aguas chilenas, hoy difícil de encontrar al haber sido desplazada por las truchas introducidas desde fines del 1800.
Los pescadores con mosca vemos a la trucha y varios de sus parientes como el pez “hecho para la pesca con mosca”. Incluso la pesca de otras especies se considera “enfoques alternativos” a la pesca con mosca tradicional. Por la misma razón, las diversas especies de truchas, originarias del Hemisferio Norte, terminaron siendo introducidas en Chile. Más de un siglo después vemos con buenos ojos y valoramos la presencia de estos peces en las aguas interiores de Chile, que incluso lo han catapultado a un sitial de elite como destino de pesca con mosca mundial, pero a la vez olvidamos el efecto dañino que esas introducciones tuvieron en especies nativas de nuestras aguas, como son los puyes, las peladillas, pejerreyes y otros tantos.
Especies exóticas en aguas protegidas
El caso de la introducción de especies exóticas no es nuevo, ni tampoco exclusivo de Chile. Uno de los casos más difundidos en años recientes fue el del reconocido Lago Yellowstone, en el centro del parque nacional del mismo nombre, el primer parque nacional del mundo y un verdadero refugio del ecosistema del Noroeste norteamericano. Por muchos años, la población nativa de truchas Cutthroat de Yellowstone logró resistir intentos de siembra de otras especies, como el Salmón del Atlántico y también la Trucha Arcoiris, pero no fue hasta la década de 1990, en que se descubrió una siembra ilegal de Trucha de Lago o Lake Trout (Salvelinus namaycush), muy posiblemente traída desde el cercano Lewis Lake. En pocos años, la saludable población de las Yellowstone Cutthroat se vio en franca disminución, desatando la urgencia en el servicio de parques. Como consecuencia, se estableció dentro de la reglamentación de pesca: “Toda Trucha Cutthroat capturada debe ser devuelta de inmediato tomando las mayores precauciones en su manipulación … toda Trucha de Lago debe ser sacrificada al ser capturada”.
Como ése, ejemplos hay varios y en prácticamente en todas las latitudes.
La invasión de truchas en Lago Chungará
Panorámica del Lago Chungará, Parque Nacional Lauca
Recientemente, Christian Wells, uno de los miembros de la Comunidad RiosySenderos.com, puso la noticia sobre el tapete en dicho medio. Hoy nos toca ver el nocivo efecto de la introducción en uno de nuestros más hermosos parques nacionales: el Parque Nacional Lauca, en pleno altiplano de la Región de Arica y Parinacota, nuestro extremo norte. Por todos estos años, las pulcras aguas del Chungará han albergado especies nativas, como es el caso del Karachi (Orestia chungarensis).
Esta detección se hizo efectiva apenas el 2008, cuando un equipo de investigadores y biólogos las avistó en el lago. “Nosotros las vimos. Son enormes las truchas que hay allá. Se ven en el lago, que tiene especies nativas que se llaman karachi y que son de una tremenda importancia”, según señaló en su momento a La Tercera, Irma Vila, la directora del Depto. de Ciencias Ecológicas de la Universidad de Chile.
Por la misma razón, se autorizó en forma excepcional la pesca de esta especie el pasado 12 y 13 de Agosto, con el objeto de evaluar la presencia y junto con ello, dar un primer paso a su control. La detección incluyó algunos cuerpos de agua aledaños, particularmente cursos afluentes y efluentes, para verificar la posible reproducción de estas truchas en dicho ecosistema.
¿Qué nos queda?
Como sociedad, ojalá, el aprendizaje de que la introducción sin-control de especies externas a un ecosistema tiene efectos. Es innegable, por mucho que la especie introducida nos parezca valiosa en varios aspectos, que estas siembras clandestinas traen más perjuicios (turísticos, ecológicos, de todo), más que beneficios.
Además, aquellos visitantes del parque y/o residentes de la región, apoyar directamente a las autoridades locales en verificar instancias de control de esta especie. Más que darse una tarde de pesca de truchas en el lago, la idea concreta y transparente es eliminar el máximo o totalidad de los ejemplares hoy presentes en dicho lago.
Hoy existen literalmente centenares de lugares adecuados para la pesca de truchas. Sin duda, el Norte de Chile no es un destino de este tipo de pesca, pero por lo mismo, tampoco debe serlo.
En mis primeros años de dedicación a la pesca con mosca, me topé con un artículo que hablaba de las características físicas de las truchas, y por qué éstas las hacían el pez ideal para la pesca con mosca. De hecho, la declaración que encontré es algo así: “la trucha, el pez diseñado para la pesca con mosca”. Esta frase, desde cierto punto de vista, resulta un poco agrandada si pensamos que las truchas habitan los ríos y lagos desde antes que desarrollásemos la civilización como la conocemos ahora. Pero finalmente va a un punto que sigue siendo válido: son muchas las características – en especial en relación al comportamiento – de las truchas que hacen que la pesca con mosca sea una actividad muy armonizada con estas especies.
Por esta razón, desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos buscado capturar a este grupo de peces, principalmente de agua dulce, si bien en un comienzo como alimento, hoy en día, por deporte.
El otro dato interesante es que ninguna de las especies de truchas que hoy tan bien conocemos y buscamos en nuestros ríos y lagos en Chile y Argentina, es originaria de ellos. Todos los ejemplares que hoy vemos son descendientes de siembras con diferentes propósitos que se hicieron hace más de un siglo.
El origen de las truchas chilenas
Las primeras truchas aparecen a fines del siglo XIX, específicamente en 1880, cuando en los alrededores de Lota, en la Región del Bío Bío, específicamente en el río Chivilingo, aparecen las primeras ovas de la llamada “trucha común”, tal como se la conocía en Europa y que hoy denominamos trucha “fario” o “marrón”. Esta aparición no fue casualidad y se debió a la motivación de los empresarios del carbón, quienes vieron en las aguas chilenas una oportunidad de replicar su afición por la pesca con mosca de truchas, que tanto disfrutaban en el Hemisferio Norte.
Fue recién en 1900 que el gobierno chileno toma la iniciativa con tres especies: la trucha Arcoiris, las trucha Fario, y el Salmón del Atlántico, resultando – entre otras instancias – de la piscicultura de Río Blanco, que funciona hasta el día de hoy con el mismo propósito.
Diversos proyectos, muchos de ellos con intereses industriales privados, se fueron sucediendo en las siguientes décadas, dando origen a las poblaciones de truchas que habitan prácticamente en todas las aguas interiores chilenas, inclusive desde los pequeños arroyos altiplánicos en la región de Arica y Parinacota, hasta los fiordos más recónditos del extremo austral Americano.
Las especies de truchas encontradas en Chile hoy en día
Trucha Arcoiris - Nombre científico: Oncorhynchus mykiss
Podemos concentrarnos en tres especies de truchas principalmente, dejando fuera las especies de salmones que también coexisten en gran parte de Chile. De estas tres, posiblemente las más reconocida es la Trucha Arcoiris, cuyo nombre científico Oncorhynchus mykiss, representa diferentes variaciones de la misma trucha, algunas que incluyen la capacidad de migrar hacia el mar y volver al río a desovar, al igual que sus parientes salmones. Es reconocible por su cuerpo mayormente plateado, adornado por una franja roja con diferente intensidad dependiendo del entorno y estado hormonal, así como unas pequeñas manchas blancas aumentando hacia el dorso que se presenta totalmente oscuro. Para muchos pescadores esta trucha se comporta diferente a otras, destacándose como una activa cazadora, prácticamente a todas horas del día, y también por su acrobática energía, saltando fuera del agua para liberarse del anzuelo.
Trucha Café, Fario, o Marrón - Nombre científico: Salmo trutta fario
La Trucha Café, Fario o Marrón – como se le llama en Argentina y también en Chile – se identifica en otra línea, con nombre científico Salmo trutta, y se distingue por su colorido que incluye un dorso oscuro y cuerpo de tonos café, con puntos grandes, algunos de ellos rojos, un en varios casos, una tonalidad amarilla intensa en el resto del cuerpo. Para los pescadores se la valora por su instinto acechador, a veces apareciendo de la nada entre troncos hundidos, para atacar con violencia una mosca bien presentada.
Trucha de Arroyo - Nombre científico: Salvelinus fontinalis
La tercera especie de trucha, siendo muchísimo menos frecuente, es conocida como Trucha de Arroyo, pero oficialmente no es una trucha, sino que un salvelino. Los salvelinos son una tercera línea dentro de la gran familia salmonídea, siendo pariente de truchas y salmones. Este grupo tiene diversas especies, siendo la del Salvelinus fontinalis, la única que se encuentra en el Hemisferio Sur, precisamente conocida como la “Fontinalis” en Argentina. Su escasa presencia se debe a que requiere de condiciones extremadamente especiales para sobrevivir, como cierto rango de temperaturas de agua y un nivel de pureza, que permite que sea una referencia para identificar cuerpos de agua con mínimo o nulo nivel de contaminación. Su coloración destaca un cuerpo donde predomina el verde desde el dorso hacia el abdomen, con manchas de color claro y en ocasiones con un vientre de color naranjo o rojo, el cual se acentúa en la época de apareamiento. Es un pez hermoso de observar.
Personalmente encuentro atractivo en cada una de estas especies, teniendo el privilegio de haber encontrado ejemplares de todas las especies en las más diversas ubicaciones y condiciones. Aún más, recuerdo un único pequeño lago en las cercanías de la localidad de La Junta, en plena Carretera Austral, donde tuve la oportunidad de pescar lo que se conoce como un Grand Slam, que consiste en capturar ejemplares de las tres especies en un mismo lugar y misma jornada. Fue una sorpresa genial y memorable, ya que me dio la evidencia de que estas especies pueden coexistir y demostrar la riqueza de las aguas de nuestro sur.
Incluso, en libros del siglo XIX se hablaba de la Salmo ferox. Por ej, W.C Stewart, en su libro “The Practical Angler”, de 1857, en el capítulo de pesca en lagos “Fishing in Lochs”, menciona:
“En algunos lagos, además de trucha común, se encuentra la Salmo ferox, una especie robusta y grande, predadora dominante en su hábitat …”
A pesar de esta aparente separación entre “truchas comunes” (Salmo trutta) y la Salmo ferox, hoy sabemos que se trata de la misma: la sorprendente trucha marrón o fario. (Bueno, tú ya sabías al ver las fotos que vienen a continuación, ¿cierto?).
Trucha Marrón engañada en Tierra del Fuego
¿Qué provocaba esta diferenciación a que se denotaba en aquellos años? Hay algunas diferencia reales que considerar.
Las truchas marrones, al llegar a cierto tamaño (y edad), cambian su alimentación, dejando de lado insectos y otros pequeños organismos para enfocarse en peces, algunos pequeños, otros no tanto. El aporte energético de un pequeño alevín, o pejerrey, es significativamente mayor que el de un puñado de insectos, lo cual le permite a estos ejemplares crecer a tasas diferentes. En ocasiones se las cataloga de caníbales, lo cual es correcto hasta cierto punto, pero al menos en Europa se ha comprobado que las Férox se concentran en otras especies de peces y cuando éstas escasean, pueden devorar alevines de su propia especie también.
Las Férox, precisamente por el tipo de alimentación, crecen a tamaños considerables, superando con tranquilidad los 3 kgs. Si bien la edad de la trucha influye en el tamaño, lo cierto es que características del hábitat, incluyendo la alimentación, son los factores más determinantes en el tamaño de estos ejemplares. Es decir, si la abundancia de pequeños peces es suficiente, pero a la vez, la competencia por éstos no es tanta, entonces los ejemplares de marrón que se concentren en este tipo de alimentación, crecerán a tasas mayores.
También, relacionado a su alimentación, las Férox se vuelven más “acechadoras”, en lugar de ser cazadoras. Es decir, pasarán mayor parte del tiempo, escondidas, esperando la oportunidad de un ataque sorpresa a un pez distraído. Por esto mismo, los lugares más profundos de lagos y posibles ríos de gran tamaño, son los hábitats más propicios para estas enormes truchas.
Se podrían confundir con las grandes sea-run, pero no son lo mismo. Estas últimas crecen a esos tamaños por un cambio de hábitat y alimentación en el mar. Las Férox siguen siendo residentes de sus lugares de origen y es en ese mismo entorno que han logrado desarrollarse en forma dramática.
Salmo férox de la Patagonia Aysén
Para los pescadores con mosca, la oportunidad de ir tras una Férox es lo que muchas veces se motiva aventuras y expediciones de pesca tremendamente motivadoras.
Gran Marrón de Lago en Tierra del Fuego
Territorio Férox
La pregunta que varios se hacen: ¿Dónde se encuentran estas enormes marrones? La respuesta es alentadora. Hay marrones enormes es prácticamente todo el sur de Chile y Argentina, tanto en lagos como en ríos, por lo que no se requiere hacer viajes a destinos tan profundamente remotos, para encontrarlas. Pero el desafío no se reduce a una ubicación geográfica. Se requiere de diversas estrategias para encontrar ejemplares de estas características en aguas que comparten con otras truchas, muchas veces más susceptibles de ser engañadas.
Salmo férox Patagónica de la zona Cerro Castillo
Mi lista personal de lugares en que las enormes marrones tienen mayor densidad poblacional es la siguiente:
Seguramente varios de los lectores podrán enumerar otros puntos en los cuales han visto (y posiblemente pescado) truchas Férox, particularmente en la amplia Patagonia Argentina, que he recorrido, pero sin una colección de enormes marrones como me encantaría. Pero en mi experiencia, estos puntos mencionados han sido capaces de darme oportunidades en más ocasiones que en otros lugares diferentes.
Salmo férox Patagónica de la zona Cerro Castillo
¿Y en otros países?
Las historias de marrones comiendo ratones son las propias de Nueva Zelanda, territorio conocido por las enormes y desafiantes truchas. En el Hemisferio Norte, en Europa los lugares son muy puntuales, pero conocidos. Toda la zona de los Alpes ofrece lagos con excelente calidad de agua y profundidad, que da la oportunidad a que estas truchas – que son precisamente originarias de Europa – se desarrollen alimentándose de otros pequeños peces.
Pero más significativo es el caso de Arkansas, en los EEUU, donde se han registrado varios récords mundiales de trucha marrón dentro de las últimas décadas. Uno de estos casos es el de Howard Collins y su trucha de casi 20 kilos.
Como ven, lugares hay. Truchas grandes, hay. Ganas, seguramente, también hay.
Sólo hay que tener paciencia, recorrer, visitar, y disfrutar de oportunidades de pesca en todos los lugares. Siempre considerar streamers, que es normalmente el tipo de mosca que logra éxito en engañar a estas grandes y longevas, truchas enormes. Nunca se sabe cuando pueda ser tu próximo encuentro con una Férox.
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